Alexander Sokurov

FRANCOFONÍA, EN EL CINE-CLUB CHAPLIN

francofoniaEl Cine Club Chaplin presenta este miércoles, día 19, Francofonía, dirigida por el ruso Alexander Sokurov y ambientada en la Francia ocupada por las tropas nazis, durante la segunda guerra mundial.

El episodio que da lugar a la narración es bien conocido pero no lo son los muy curiosos e interesantes matices que Sokurov saca a la luz pública en esta película. En efecto, se sabe sobradamente que, aparte sus intereses militares y políticos, Hitler tuvo una auténtica obsesión por apoderarse de las obras artísticas contenidas en el Louvre, exigiendo que fueran trasladas a Alemania e incluso llegando en cierto momento, en el tramo final de una guerra que presentía iba a perder, a ordenar la destrucción de ese inmenso tesoro. El suceso da lugar a múltiples incidentes entre los militares alemanes y los conservadores del museo, con posturas enfrentadas y situaciones conflictivas, que Sokurov desmenuza a la vez que mezcla aquellas imágenes históricas con otras del tiempo presente para ofrecernos un gran fresco visual e histórico sobre lo que es y representa el Louvre.

Francofonía tiene una duración de 88 minutos y será proyectada en versión original subtitulada este miércoles, día 19 de octubre, en la Sala Cinco de Multicines Odeón, a las 17, 19,30 y 22 horas.

13 de junio: FAUSTO

Título original: Faust. Nacionalidad: Rusia. Director: Alexander Sokurov (2010). Productor: Andrey Sigle. Argumento: El libro de Yuri Arabov; basado a su vez en la obra de Johann Wolfgang Goethe. Guion: Alexander Sokurov y Marina Koreneva. Fotografía: Bruno Delbonnel. Diseño de producción: Yelena Zhukova. Música: Andrey Sigle. Montaje: Jörg Hauschild. Vestuario: Lidiya Kryukova. Actores: Johannes Zeiler (Fausto), Anton Adasinski (prestamista), Isolda Dychauk (Margarita), Georg Friedrich (Wagner), Hanna Schygulla (esposa del prestamista), Antje Lewald (madre de Margarita), Florian Brückner (Valentín)

Duración: 141 minutos

Versión original con subtítulos en español

 

Fausto es un hombre sabio y honrado, pero también insatisfecho con su vida. Por ello firma un pacto con Mefisto, inicialmente con un propósito noble (librar a su pueblo de una horrible epidemia), pero tentado con otros objetivos (la eterna juventud), se corrompe y ello le convierte en juguete de su maligno amigo.

 Probablemente, ya no quedan muchos lectores de Goethe, menos aún entre los jóvenes, para quienes la figura del gran escritor romántico alemán puede parecer muy alejada, no solo en sus planteamientos sino también en el estilo, pero quizá casi todo el mundo identifica, aunque sea de manera esquemática, la esencia de este profundo drama que hizo furor en la época, que ha inspirado no pocos tratados filosóficos y teológicos y que, en fin, encuentra derivaciones riquísimas en los lugares más insospechados (recordemos El retrato de Dorian Gray) gracias a esa tendencia humana a pretender encontrar el filtro mágico que garantice no solo la eterna juventud sino incluso la vida eterna.

 

Dicho esto, seguramente sabido o conocido por gran número de los lectores de estas líneas, conviene advertir, a renglón seguido, que este Fausto de Sokurov no es en absoluto una transposición literal del personaje de Goethe sino solo el punto de inspiración para desenvolver un propósito que el director ruso viene desarrollando desde hace varios años aunque, desdichadamente, a causa de la penosa distribución cinematográfica española, no hemos podido conocer en su total dimensión.

 

Se trata de una tetralogía en la que Sokurov medita, a través de las imágenes, sobre la naturaleza del poder y sus perversiones, siguiendo el rastro dejado por figuras históricas reales: Molock (1999) hablaba de Hitler; Telets (2000), de Lenin; Solntse (2005), del emperador Hiro Hito que llevó a Japón a la segunda guerra mundial. Junto a esos tres personajes de vida real, el director incorpora ahora una figura ficticia, una pirueta que él mismo explica así: “La imagen simbólica de Fausto completa esta serie de grandes jugadores que perdieron la mayor apuesta de su vida. ¿Qué tiene en común Fausto con estos hombres de carne y hueso que alcanzaron el pináculo del poder? Un amor por palabras fáciles de creer y una vida diaria patológicamente desdichada. El mal es reproducible y Goethe supo formular su esencia: las personas infelices son peligrosas”.

 

Alexander Nikoláyevich Sokurov (Podorvija, Siberia, 1951) produjo su primer programa de TV cuando sólo tenía 19 años, iniciando así una carrera jalonada por numerosos premios. El año anterior se había graduado en Historia, en la universidad de Nizhni Nóvogorod y este dato marcará toda su trayectoria artística, en la que siempre ha procurado buscar el hilo histórico para explicar situaciones actuales. Varias de sus primeras películas fueron prohibidas por el régimen soviético, dedicándose a realizar documentales. Madre e hijo (1996) fue su primera película conocida en occidente, iniciando una larga cadena de premios y reconocimientos. De hecho, ese “descubrimiento” tuvo lugar en el festival de Locarno, pero ha sido el de Cannes (donde ha participado en cuatro ocasiones) el escenario predilecto para presentar sus obras. De su ya larga producción, el título más conocido es El arca rusa (2002), a la que probablemente se unirá en adelante este Fausto que hoy llega al cine club.