Carlos Sorin

12 de junio 2013 Sesión número 1426 DÍAS DE PESCA EN PATAGONIA

Título original: Días de pesca (Puerto Deseado). Director: Carlos Sorin (2012). Nacionalidad: Argentina. Producción: Kramer & Sigman Films, Guacamole Films. Productores: Hugo Sigman y Carlos Sorin. Guión: Carlos Sorin. Fotografía: Julián Apezteguía. Música: Nicolás Sorin. Montaje: Mohamed Rajid. Vestuario: Ruth Fischerman Actores: Alejandro Awada (Marco), Victoria Almeida (Ana), Diego Caballero (José), Oscar Ayala (Oscar), Daniel Keller (Daniel), Martín Galindez (Fito). Duración: 80 minutos Festival de La Habana: premio especial del jurado

Tras someterse a una cura de desintoxicación para dejar el alcohol, Marco, un maduro comerciante, intenta cambiar el rumbo de su vida. Como parte del tratamiento se le sugiere que elija un hobby y él se decide por la pesca. Para aplicarlo, viaje a Puerto Deseado porque es la temporada de pesca del tiburón, pero también porque allí vive su hija Ana y no sabe nada de ella desde hace años.

Una nueva cita con un viejo conocido del Cine-Club, el director argentina Carlos Sorin (Buenos Aires, 1944), personaje ya veterano en las lides cinematográfi cas, con sólido prestigio desde que en 1986 ganó el León de Oro en la Mostra de Venecia con su primera obra, La película del rey, aunque luego y durante una larga etapa, su trabajo de Sorin se orientó con preferencia hacia el ámbito de la publicidad y la televisión. Luego realizó Sonrisas de Nueva Jersey (1989) y ya en los albores del siglo XXI reanudó su dedicación al cine, poniendo ante los espectadores, de manera sucesiva Historias mínimas (2002), Bombón, el perro (2004), El camino de San Diego (2006), La ventana (2009) y El gato desaparece (2011), varias de ellas llegadas a nuestro Cineclub y acogidas con singular fortuna, la misma que, esperamos, acompañe esta nueva presencia de Sorin entre nosotros con una historia muy enlazada con las anteriores en su gusto por el inimalismo, los pequeños detalles, los argumentos cercanos, los personajes enriquecidos por experiencias vitales intensas. Sobre Días de pesca en Patagonia, el crítico Antón Merikaetxeberria ha escrito en El Correo, de Bilbao, que es una película intimista que sitúa a unos pocos personajes en el desolado paisaje de la inhóspita Patagonia, lo que da lugar a una pequeña obra de arte, realizada con esmero y ternura, para recoger “las pequeñas cosas de la vida, las alegrías y tristezas, los confl ictos familiares, la soledad y la dolorosa labor de zapa de lpaso del tiempo”. Pero a ello, a los personajes y sus menudencias hay que unir en este caso el uso excepcional del paisaje, que el crítico compara a lo que hizo Homero con el Mediterráneo en “La Odisea” o John Ford utilizando el Monument Valley en muchas de sus películas, singularmente en Centauros del desierto. Es decir, “como un lugar sagrado. El resto es un sobrio deambular por paisajes azotados por un viento incesante, implacable, que nunca deja las cosas en el mismo sitio, tal y como uno de los personajes de la película se encarga de recordarnos. Y añade: “Por descontado, una escenografía breve, austera, sin perifollos inútiles ayuda al disfrute del fi lme, en el que asimismo se cuela de rondón una tenue melancolía. Narrado todo ello a media voz, sin aspavientos de ningún tipo, con esa bendita contención de que hacen gala los directores sensibles, que no necesitan echar mano de los espectaculares efectos especiales para llevarnos a su personal terreno. Porque, en ‘Días de pesca en Patagonia’ los efectos especiales están en los ojos de los actores, en sus miradas, en sus gestos y actitudes, capaces de hacer comprender al espectador sus sueños e ilusiones, sus verdades y también sus mentiras. ¿Hay quien dé más?”

14 de marzo EL GATO DESAPARECE

Nacionalidad: Argentina, España. Director: Carlos Sorin (2011). Producción: Patricia Bustamante, Juan Pablo Galli, Juan Vera y Alejandro Cacetta. Guion: Carlos Sorin. Fotografía: Julián Apezteguía. Diseño de producción: Margarita Jusid. Música: Nicolás Sorin. Montaje: MohamedRajid.

Actores: Luis Luque, Beatriz Spelzini, María Abadi, Norma Argentina

Duración: 90 minutos   

Es un día muy especial para Beatriz. Por la mañana va a buscar a Luis, su marido, a la clínica neuropsiquiátrica donde ha estado internado durante los últimos meses. Luis, profesor universitario, ha estado internado a raíz de un brote psicótico inesperado y violento. El retorno a la vida cotidiana no será fácil. Recién llegados, Donatello, el gato de la casa, se eriza al ver a su amo, a quien hasta poco tiempo atrás guardaba fidelidad incondicional. Y Beatriz no parece estar adaptándose al regreso de su marido, sobre todo cuando llega la noche.

El nombre de Carlos Sorin (Buenos Aires 1944) ya no suena a nuevo gran parte de los aficionados al cine, seguidores y conocedores de buena parte de su filmografía, como ocurre en el Cine- Club Chaplin, donde varias de sus películas han ido apareciendo de manera paulatina. Y eso aunque no se haya prodigado excesivamente en la realización de películas largas, tras haber ganado en 1986 ganó el León de Oro en la Mostra de Venecia con su primera obra, La película del rey, pero en los años siguientes el trabajo de Sorin se ha orientado con preferencia hacia el ámbito de la publicidad y la televisión. Luego realizó Sonrisas de Nueva Jersey (1989) y ya en los albores del siglo XXI reanudó su dedicación al cine, poniendo ante los espectadores, de manera sucesiva Historias mínimas (2002), Bombón, el perro (2004) , El camino de San Diego (2006) y La ventana (2009) de las que la primera, la tercera y la cuarta de las citadas llegaron a nuestro Cineclub, acogidas con singular fortuna, la misma que, esperamos, acompañe esta nueva presencia de Sorin entre nosotros con una historia muy enlazada con las anteriores en su gusto por el minimalismo, los pequeños detalles, los argumentos cercanos, los personajes enriquecidos por experiencias vitales intensas.

El resumen argumental refleja con bastante precisión cual es el nudo esencial que marca la entraña de la historia, en torno a un eje utilizado como punto de referencia en bastantes situaciones literarias y cinematográficas: el del extrañamiento que suscita una persona con la que, en verdad, se han mantenido fuertes lazos de intimidad, casi siempre en el ámbito familiar pero que, en determinadas circunstancias y por factores diversos termina por convertirse en un extraño, un desconocido, alguien que no solo resulta ajeno sino, quizá, también, inquietante, alguien que no inspira confianza. De esa manera, en esa relación que aspiraba a ser íntima y deviene en lejana, surge la desconfianza y, como casi inevitable secuela, los miedos, las frustraciones. Quien está a tu lado no es la persona querida, con la que se compartieron hermosos momentos de intimidad sino, sencillamente, un completo desconocido.

Comentando la habilidad de Carlos Sorin para transmitir en forma de películas estas emociones tan personales, que llevan consigo un evidente riesgo narrativo, el crítico J.L. Álvarez Cedena escribía en Cahiers de Cinéma España: “El film funciona gracias al pulso, a pesar de ceder en algunas tentaciones propias de quien no se siente completamente cómodo con el tono de lo que está narrando (músicas que acentúan la puesta en escena o planos que buscan el sobresalto del espectador). No es el mejor título de su director ni probablemente pase a la historia del cine argentino, pero tampoco es lo pretendido. Resulta suficiente con funcionar como un ejercicio de estilo rodado con pulcritud, un artefacto bien engrasado que consigue mantener la tensión hasta el final”. Lo cual, probablemente, es ya bastante teniendo en cuenta la facilidad con que en las carteleras convencionales encontramos gato por liebre. En este caso, el gato es honesto y está expuesto con seriedad