Ken Loach

JIMMY’S HALL, EN EL CINE CLUB CHAPLIN

Sin título1Siempre es reconfortante el reencuentro con el cine de Ken Loach, uno de los grandes narradores contemporáneos, autor de películas comprometidas, de las que nos sitúan al límite, a través de una temática arriesgada que no teme afrontar los problemas sociales y políticos. Nadie como Loach ha retratado la dura época del tatcherismo o ha flagelado la intransigencia sangrienta del IRA. Son cuestiones que ya pertenecen al pasado, como le sucede al protagonista de Jimmy’s Hall, el propio Jimmy del título, que regresa a su pueblo natal, en Irlanda, tras diez años de exilio, para ayudar a su madre en la granja familiar. Pero los jóvenes del condado quieren que vuelva a abrir la antigua taberna, allí donde antes se conspiraba, para seguir hablando de política, intercambiar ideas, beber y oír música. Que es eso, la música, lo que más interesa a Jimmy ahora.

Interpretada por Barry Ward, la película tiene una duración de 109 minutos y se proyectará este miércoles, 21 de enero, en versión original subtitulada, a las 17, 19,30 y 22 horas, en la Sala Cinco de Multicines Odeón Cuenca.

Previamente se proyectará un cortometraje.

LA PARTE DE LOS ÁNGELES. 6 de marzo 2013. Sesión número 1413

image001Título original : The Angel’s share. Director : Ken Loach (2012). Nacionalidad : Reino Unido, Francia, Bélgica, Italia. Productor: Rebecca O’Brien. Guion: Paul Laverty.

Fotografía: Robbie Ryan. Diseño de producción: Fergus Clegg. Música: George Fenton. Montaje: Jonathan Morris. Actores: Paul Brannigan (Robbie), John Henshaw (Harry), Gary Maitland (Albert), Jasmin Riggins (Mo), William Ruane (Rhino), Roger Allam (Thaddeus), Siobhan Reilly (Leonie)

Duración: 101 minutos. Versión original con subtítulos en español

Robbie es un joven padre de familia de Glasgow que no logra escapar de su pasado delictivo. Se cruza en el camino de Rhino, Albert y la joven Mo cuando, como ellos, evita por poco la cárcel pero recibe una pena de trabajos sociales. Henri, el educador que les han asignado, se convierte entonces en su nuevo mentor y les inicia en secreto… ¡en el arte del whisky! Así Robbie descubre que tiene un auténtico talento como catador.

Esta sí que es una auténtica y encantadora novedad: ¡Ken Loach dirigiendo una comedia! Y lo hace bastante bien, las cosas como son. El hombre especializado en la más severa crítica social, el agitador de las conciencias, el defensor incansable de la clase obrera y los derechos humanos, renuncia momentáneamente a una línea de conducta mantenida de manera constante durante más de cuarenta años para ofrecernos un delicioso entretenimiento. Para el recuerdo quedan sus grandes obras de denuncia: Vida de familia (1971), Agenda oculta (1990), Lloviendo piedras (1993), Tierra y libertad (1995), La canción de Carla (1996), Mi nombre es Joe (1998), Pan y rosas (2000), La cuadrilla (2001), El viento que agita la cebada (2006), En un mundo libre (2007), Route Irish (2010), entre otros títulos, un repertorio por el Loach (Warwickshire, 1936) ha ido transitando de forma metódica y consecuente con lo largo de toda su obra, manteniendo incólumes unos principios expuestos una y otra vez, en esa especie de guerra particular que lleva a cabo contra la injusticia, la marginación y todo lo que de socialmente amargo hay en nuestra sociedad. Desde sus inicios

en el cine llamó la atención de crítica y público. Entonces, Ken Loach era todavía un joven realizador, muy concienciado con la injusticia social, a pesar de ser un diplomado en Oxford, donde estudió Derecho. Trabajó como actor de teatro antes de ser ayudante de dirección. En 1963 entró en

la BBC, donde desempeñó diversas funciones y en la que pudo conocer cómo también en la liberal Gran Bretaña suceden cosas que parecen reservadas a otras latitudes: en 1983, el gobierno impidió que se pudiera emitir su serie de documentales “A question of Leadership”. Consciente de

los problemas que le esperaban, fundó una compañía independiente y con ese apoyo pudo empezar a rodar películas que, con calidad desigual, responden a un patrón común, insobornable, en forma de cuentas de ese rosario de lamentos, alternativamente políticos o sociales, que Loach viene desgranando durante toda su obra. Y que ahora se da un respiro, quizá para compensarse a sí mismo de tanta tensión acumulada durante ese tiempo, aunque como quien tiene retiene, sin duda que también aquí podremos encontrar algunas pinceladas muy significativas del estilo Loach, su capacidad para captar personajes y situaciones con los que va enhebrando momentos muy lúcidos, consecuente con la disponibilidad del director para captar lo que sucede a su alrededor, el detallismo vigente en calles, casas y poblados, donde radica la esencia de la realidad de

su país en un momento determinado. Sólo que en esta ocasión Loach ha huido de dramatismos sin piedad, tan presentes en sus anteriores películas, para ofrecer una visión más amable e incluso sonriente.