Rumanía

21 de noviembre: SI QUIERO SILBAR, SILBO

Título original: Eu cand vreau sa fluier, fluier. Nacionalidad: Rumanía, Suecia, Alemania. Director: Florin Serban (2010). Producción: Catalin Mitulescu y Daniel Mitulescu. Argumento: la obra de teatro de Andrea Valean. Guion: Catalin Mitulescu y Florian Serban. Fotografía: Marius Panduru. Diseño de producción: Ana Ioneci. Montaje: Sorin Baican y Catalin Cristutiu

Actores: George PIstereanu (Silviu), Ada Condeescu (Ana), Mihai Constantin (director de la cárcel), Clara Voda (madre)

Duración: 94 minutos; Versión original con subtítulos en español

Premio del jurado en el festival de Berlin

A Silviu sólo le quedan cinco días para salir del centro de detención juvenil. Sin embargo, cinco días se convierten en una eternidad cuando su madre regresa, tras una larga ausencia, para llevarse a su hermano pequeño. Un hermano que él crió como a un hijo. Además, se ha enamorado de una hermosa trabajadora social. Con el tiempo acabándose y sus emociones en ebullición, Silviu cierra los ojos. La libertad, el viento, la carretera, su primer beso… Cualquier cosa puede pasarle ahora.

Diez años atrás, Catalin Mitulescu, director de Cómo celebré el fin del mundo, visitó junto a la dramaturga Andrea Valean, un centro de formación de menores difíciles y, tras el impacto inicial de esa vivencia, escribió el borrador de un guión cinematográfico mientras su compañera hacía lo mismo en forma de obra teatral. Más tarde, el director Florin Serban conoció ambos textos y quedó realmente impactado por su contenido, sensación que se completó cuando él mismo acudió a visitar un correccional juvenil y pudo conocer directamente la forma de vivir allí dentro y habló con algunos de los reclusos. “Empecé a comprender que muchas de sus acciones han sido influenciadas por sus familias, su entorno y por último por nosotros, los que estamos fuera de los muros de la prisión”. De esa forma, conjugando estos antecedentes, Serban inició los preparativos de la que había de ser su primera película. Nacido en Resita (Rumanía) en 1975, hasta entonces trabajada en TV, donde era un realizador de prestigio, preparación profesional que quiso completar ingresando en el programa de cine de la universidad de Columbia, en Estados Unidos. A su regreso decidió emprender una carrera como realizador cinematográfico y así tomó forma esta película, en la que participan varios actores no profesionales, jóvenes pertenecientes al reformatorio. Comentando este título, y poniéndolo en relación con otros procedentes también de Rumanía (un país que se está mostrando especialmente dinámico en este terreno, como venimos conociendo en el cine club a través de sucesivas películas), la crítica Desirée de Fez señala que se sitúa en un interesantísimo interludio entre la crónica social y el thriller, puesto que el director utiliza “los mecanismos de este género para hurgar en la realidad a la vez que genera suspense, juega con las expectativas del espectador y empieza a diseñar escenas de acción”, asegurando, además, que “Serban desarrolla con nervio y tensión un argumento modelo: secuestro, intento de negociación y rescate. Y deja que entre las juntas del relato, se cuele una reflexión tan medida como contundente sobre las disfunciones familiares, la educación, el clasismo y, de una forma más abstracta, la justicia”. Estos son los mimbres teóricos sobre los que se engarza esta historia que viene a confirmar la notable vitalidad del cine rumano y su extraordinaria capacidad para investigar de manera directa en la realidad social de un país sometido todavía a la herencia terrible dejada por el régimen anterior mientras pugna por incorporarse en plenitud al nuevo esquema europeo al que pertenece plenamente desde hace varios años.

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30 de mayo: “LA CHICA MÁS FELIZ DEL MUNDO”

Título original: Cea mai fericita fata din lume. Nacionalidad: Rumanía, Holanda. Director:Radu Jude (2009). Producción: Ada Solomon. Guion:Radu Jude y Augustina Stanciu. Fotografía:Marius Panduru. Diseño de producción: Augustina Stanciu. Montaje: Catalin Cristutiu Actores: Vasile Muraru (Sr. Fratila), Andreaa Bosneag (Delia Cristina Fratila), Violeta Haret (Sra. Fratila), Doru Catanescu (Sr. Arvunescu), Alexandru Georgescu (cliente), Diana Gheorghian, Bogdan Marhodin (Viorel)

Duración: 99 minutos

Versión original con subtítulos en español

Delia, una adolescente que vive en un pequeño pueblo de Rumanía, acaba de ganar un automóvil en un concurso de una compañía de refrescos y viaja con sus padres a Bucarest para recogerlo y participar en el rodaje del anuncio testimonial. El plan parece sencillo, pero se complica considerablemente cuando empieza la discusión sobre qué hacer con el coche nuevo: sus padres quieren venderlo; ella, en cambio, quiere quedárselo para presumir ante sus amigos.

 

De todos los países que integraban la antigua Europa del este (sí, la del comunismo), Rumanía es el que viene ofreciendo un mejor y más interesante nivel cinematográfico que mejora en la medida en que puede ir adaptándose a situaciones social y económicamente más cómodas, mientras que otros que en aquella época tuvieron sólido prestigio (Polonia, Hungría, la desgajada Checoslovaquia) no consiguen alcanzar aún esos parámetros. El cine rumano viene ofreciendo algunos títulos muy interesantes (varios de ellos vistos en el cineclub) dentro de unas constantes que podemos calificar como sencillez narrativa, de argumentos no demasiado comprometidos, aunque sin duda podemos recordar la magnífica e impresionante Cuatro meses, tres semanas, dos días de Cristian Mungiu proyectada en 2008. Poco a poco, esas películas van llegando a España tras pasar por festivales en los que gustan tanto a los críticos como a los espectadores, ofreciendo así retazos bastante lúcidos de cual es la situación social del país rumano.

En el repertorio de directores destacados hay que mencionar a Radu Jude (Bucarest, 1977), graduado en el Departamento de Comunicación y Dirección de cine (2003), trabajó como ayudante de dirección en varias películas, entre ellas Amen, de Costa-Gavras y La muerte del Sr. Lazarescu, de Cristi Pulu y ha dirigido varios cortometrajes, alguno de ellos premiado en el festival Sundance. Compagina su faceta de realizador de cine con la de guionista. Una de las características de esta nueva generación de cineastas es su capacidad para adaptar asuntos tomados directamente de la realidad actual del país, superando así el viejo trauma heredado del antiguo régimen, cuyas medidas de coacción impedían precisamente esa forma de ver las cosas, derivando los temas hacia cuestiones históricas, intemporales o banales. Por el contrario, como sabemos bien, el entorno está marcado por cuestiones sociales, políticas, económicas, religiosas, culturales y de todo tipo, y no sirve de nada mirar hacia otro lado. A ese mundo, o a una fracción del mundo,  orienta su mirada Radu Jude en esta película, cuyo título indica ya la presencia intangible de una ironía que marcará el desarrollo progresivo de la acción. Ironía que adquiere variados matices, como los que integran el casi esperpéntico rodaje del spot publicitario que habrá de marcar el desarrollo posterior de los acontecimientos y que prosigue más tarde con la exposición de los diversos detalles que van definiendo la  personalidad de los protagonistas, sin que falten observaciones sobre la naturaleza humana, que no siempre se deja llevar por pensamientos honestos y elevados, sino que con frecuencia deja paso a la mezquindad, el egoísmo y la ambición, todo ello en torno a la posesión de un coche ganado en un concurso y convertido, casi a la fuerza, en objeto de discusión familiar.